caminata/mujer/plaza
marzo 17, 2008
Una caminata prolongada lo seduce
tientase de no retornar sobre sus pasos
avanza en la timidez, crece a la verguenza,
ha avandonado viejas costumbres aislantes
pronto conseguirá acercarse a un niño
tomar una mano de mujer blanda,
recorrer una plaza verde y larga;
y sin embargo a veces vuelven cosas a él,
cosas maceradas con tinta en los dedos,
con las manos sucias y la boca muda
antiguas conductas anacoretas y sedentarias,
lo persigue una vez que lloró de amor,
una anciana que vió arrollada por el tren
una madrugada en La Plata,
el recuerdo de las prostitus bolivianas
que desearon sinéxito su cuerpo incierto,
lo rodean torbellinos de una angustia llana,
fantasmas inexistentes que viven en su alma,
las tentativas de sacudir sus ideas
una tarde de ebriedad sorprendete y barata
y el “clic” oportuno y fallido del arma,
las veces que deseó
no haber leído nunca una palabra,
la exploración inexacta de su memoria
ante lo que juró una noche no olvidar mañana
y mañana llegó demaciado pronto a él.
La suma de estos asuntos lo llevaron
por las oscuras calles de la red urbana;
buscaba algo para salir de la telaraña,
de la absurda telaraña de sueños e inconstancias;
Sus trabajos lo ayudaron algo
a creer lo impersonal que será
para su ser inacabado el destino de libertad
concedido al alama humana.
La tibieza de la tarde le recordó
que bscaba a esa mujer extraña,
aislada por su imaginación del resto del mundo
y para la cual iba pensando todos estos versos,
desnudos de tabues y dudadicciones,
ciertos, como es cierto que espera encontrarla.